Alfredo Leuco: Yo tengo un sueño.

  
Que soy docente, puede saberse. Que el estilo leuquista no me place y que esa corriente de periodismo no me representa casi sin solución de continuidad, también. Que publico irregularmente en este blog o que de modo amateur hice radio y gráfica, puede demandar el mismo esfuerzo que averiguar si Leuco es docente o alguna vez lo fue.
Con gusto desarrollo actividades orientadoras en la universidad y en un par de escuelas secundarias de mi pueblo. Una de ellas más abierta a colegas de marcada diversidad ideológica que la otra, la cual preserva la impronta de una vieja Supervisora -hoy jubilada- con quien me agradaría contar de este lado previo trasplante de sesera...
Resulta que anteayer a la mañana tempranito -aunque sobre la hora como de costumbre- fui a este colegio y, al entrar a pispear el Libro de Circulares, me sorprendió encontrar una insólita treintena de colegas en la Sala de Profesores, incluyendo personal directivo, administrativo, de mantenimiento y auxiliares docentes. Full. 
¡Zas!, me pregunté: ¿Habrá muerto alguien de la comunidad escolar?, ¿declararon Estado de Sitio Municipal y no me enteré?, ¿qué extraño fenómeno natural pudo haberse producido mientras descansaba?... Nada de eso. Luego me dijeron que la directora había convocado a todo el personal para compartir una nota. Sí, cuesta creerlo, ya sé.
La cuestión es que un profe se desgañitaba por complacer a la autoridad, cual un Cacho Fontana en versión áulica, leyendo: Maestras y maestros, una de esas columnas habitualmente simiescas que Alfredo Leuco difunde en un vespertino programa radial de pedorro jingle y siniestra línea que enfoca como la oligarquía más retrógrada desde un disfrazado lugar de gente común, simple, cándida, pueblerina y un tanto frívola. Y hago constar que los prejuicios no me pertenecen, sino al usurpado y sofístico perfil repicado a diario y a voz en cuello -como la matinal lectura del coleguita en ayunas- por aquel no tan bravo conductor y su viejo compañero de aventuras. 
  
No me parece oportuno darle gas al gas que anteayer a la siesta infló algunos globos desde Radio Continental: la que además emite a Víctor Hugo y a Amargalena. Es decir, enlazo la columna pero ni pienso transcribir esa sarta de subjetivas adjetivaciones y prejuiciosas conjeturas basadas en el Principio de Presunción de Culpabilidad. Reiteradas profecías autoimaginadas, estancas acusaciones retroalimentadas, condenas con falta de méritos y sin debido Proceso en tanto que se escuda mediática y sistémicamente al procesado tandilense intendente porteño. 
A lo sumo puedo ayudar a hacer memoria sobre un más reprochable que olvidable programita del año pasado: 
   
   
N del B 1: ¿Qué pensará, por ejemplo, Facundito Moyano al notarlos tan cercanos últimamente?
¿Y qué, su hermano Pablo al ver micrófonos abiertos para fogonear el Paro Nacional de Camioneros?
Acaso, ¿se plantearán viejos antagonismos entre civilización y barbarie o alpargatas sí, libros no?

N del B 2: El audio de esa emisión no se encuentra en el sitio web de Radio Continental junto a los demás.
Recuerdo que Leuco -igual de gorila pero bastante más lúcido- le advirtió de modo velado y sutil el fallido
al mediocre Bravo para que intentase enmascarar semejante exabrupto al aire. No obstante, volvió a fallar.

Así que Johnny Bravo, mejor no aclares que oscurece:

  
   
Alfredo Leuco ha de estar tranquilo y satisfecho. Introdujo con bastante prudencia aunque pueda sostenerse que su sueño es producto de la alucinación y quizás lo transite como una pesadilla permanente. Dicen que si uno mira fijo un punto durante un tiempo prolongado, se distorsiona y pierde la visión. No haré la prueba pero, figuradamente, el enfoque de cierta clase comunicacional y dirigente cumple con creces como prueba de laboratorio. 
Si no satisfecho, al menos no estará angustiado. No está solo. Bastan ver los comentarios debajo de la publicación posteada, aún pudiendo presuponer censurados algunos y acólitos o hasta orquestados otros. Es que, espejando la TV gvirtzista, cuando todos son aplausos aprobatorios o condenadores juicios según lo analizado desde cada postura rígida y lineal, se impulsa el descrédito y la desconfianza se convierte en sospecha. 
Si no tranquilo, al menos no estará ansioso. Es parcialmente cierto que su sueño resulta más modesto que el de Martin Luther King: en realidad es insignificante, avieso y absurdo. Y si estoy gastando tiempo, es porque me cuesta reconciliar el practicado sentido de pluralismo con quienes perciben o expresan apreciar la realidad con enfoques tan estrechos y necios, opuestos a todo y generalmente predicando argumentaciones falaces con suposiciones desequilibradas carentes de vinculación concreta con su propia realidad.
   
Ni qué decir que la realidad de cada uno y de cada una de mis colegas no es la misma y puede evaluarse de tantas maneras como observadores tengan, aunque hay un pedacito de esa realidad al que aludí hace un par de días: De los trabajadores tetra horas diarias y vacacionantes trimestrales
   
Aún satisfecho y tranquilo, Leuco precisa una mano -o una conciencia- que lo oriente para no sesgar ni tergiversar información. Y menos si esa información refiere a una Ley como la de Servicios de Comunicación Audiovisual. No creo que por ignorante ni por trastornos en la comprensión, haya afirmado que el uso de la cadena nacional “debe reservarse para situaciones graves o excepcionales”, recortando el Artículo 75 de la Ley Nº 26522, que incluye situaciones “de trascendencia institucional”. 
¿No advierte que sus maniobras tendenciosas quedan claramente expuestas ante cualquier lector u oyente informado? ¿No tiene remilgos para plegarse a la escuela del propagandista de la represión Joaquín Morales Sola? Recortar artículos de una Ley es tan repudiable y de corto alcance como descontextualizar al Presidente de la Suprema Corte de Justicia suprimiendo los referentes aludidos para adulterar su intención y manipular interpretaciones.
¿O ahora también se arroga la potestad para establecer si la viudez ante la muerte del compañero de vida ex Presidente y Secretario General de la UNaSur, las aperturas de Tecnópolis o del Museo del Bicentenario, las inauguraciones de estaciones digitales terrestres o autopistas y las demás oportunidades en que la Presidenta se comunicó con el Pueblo a través de la Cadena Nacional, tienen trascendencia institucional o no la tienen? 
Alfredito debería bajarse del pingo. Como ciudadano tiene todo el derecho a expresarse y de hecho lo usa sin censuras, pero no parece apropiado tergiversar el espíritu de una ley aprobada por absoluta mayoría en el Congreso de la Nación aunque los artículos que más promueven la diversidad de voces en desmedro de los supuestos dueños de la palabra sigan amparados por cierta Justicia independiente. Independiente al menos del Poder Ejecutivo… 
  
Tampoco me parece que valga explayarme sobre Fernando Bravo. A esta altura, quien permanece cómodamente confundido por la imagen publicitada desde el marketing es porque así lo desea o lo precisa para autocomplacerse. La política de la antipolítica funcional a los sempiternos privilegiados que practican asiduamente simulados apolíticos erigidos en difusores de “la voz de la gente”, tales la Chechu Pando, Susana Giménez, Chiquita Martínez Legrand o Lita de Lázzari, por citar ejemplos oportunos para el Día Internacional de la Mujer.
   
Asimismo y por razones análogas, no voy a persistir apuntando a las características personales y demasiado fácilmente perceptibles del viejo lobo de mar paradójicamente mediterráneo, Alfredo Leuco, ese del recortado seudónimo profesional con apellido artístico, el multimediático con diversas vías de comunicación (Radio Continental, Diario Perfil, Canal 26, etc.) aunque no tan amplio target en el espectro receptor, el bonachón deformador de opinión con persistente tonada tal versión cordobesa de Anamá Ferreyra…
Sólo trataré de ver si puedo ponerme en el lugar del mártir Martin Luther King, si fuese posible que escuchara la burda referencia disparadora y efectista del victimizado Leuco y el aún más descabellado mensaje siguiente. ¿Podés imaginar al líder de la Marcha sobre Washington durante el convulsionado 28 de agosto del ’63 escuchando este ignominioso intento de plagio? ¿Podés concebir a Leuco pretendiendo redactar y verbalizar una adaptación de paralelismo con aquel épico y pacífico “Más allá de Vietnam”?
Considero que hay que estar realmente alienado para intentarlo. O cumplir órdenes esclavizado o mercenarizado y ser demasiado audaz careciendo de los escrúpulos más primarios. Para difundir esa columna digo, no para imaginar a uno y a otro intercambiando lugar y situación. Esto último puede resultar casi imposible en un caso y tal vez poco grato, o hasta muy divertido en el otro si se tienen ánimos de agregar saludable y permisible sarcasmo a tamaña ridiculez manifiesta por la porteña pluma de Córdoba.
  
Sin embargo, sí recordaré que la misma directora que citó a todo el personal presente a participar de esa imprevista reunión previa al ingreso, es la misma que cuando improvisé algunos comentarios -subjetivos aunque comprobables- sobre la actualidad nacional y provincial al correr de mi discurso escolar con base en estas Palabras del Día del Maestro, me dijo que sería mejor que en adelante evitase “hacer política en la escuela…”
Eludiré autorreferenciarme en la respuesta ante el erróneo significado conceptual y el prejuicioso y cerrado significante conservador de la jerárquica sugerencia. Mucho menos, agregaré acerca de mi convencimiento que todos somos esencialmente políticos tales personas en sociedad con intereses e inquietudes, sean los que fueran. Ni redundaré respecto a la formación integral de los y las estudiantes, la cual sólo puede lograrse interactuando con lo comunitario a partir de la intrínseca condición ciudadana.
Ya terminando este chisme de escuela, estimo que están más que claros los motivos de la republicana y demócrata directora que convocó a compartir la columna difundida por Alfredo Leuco el día anterior. Casi dos gotas de agua de diferente densidad y con distinto tamaño que avanzan y se esfuerzan por fluir erosionando los profundos cambios que estamos recorriendo con abiertos canales de aporte, con concretas chances de ser protagonistas motorizando convicciones nacionales, populares y latinoamericanistas. 

2 comentarios:

iris dijo...

El único motivo válido para convocar a Leuco a la escuela es como alumno.
Y sí, tratándose de él, los sueños son la continuación de sus alucinaciones.

Adán De Ucea Queralt dijo...

¿Vio? Por más que Alfredito no sea mi alumno, sino discípulo de Joaco y otros ilustres enrevesadores,lo orienté filantrópicamente para mejorar su burdo estilo. Un llamado de la vocación, que le dicen (?).

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