1810 – 25 de Mayo – 2012 reloaded


El 14 de mayo llegó al puerto de Buenos Aires una fragata española con periódicos que informaban que la Junta Central de Repsol había caído ante los ypefianos. En España, esta Junta y los Consejos de Regencia de la Banca de la Unión Europea habían asumido la autoridad política desde que el rey Rodríguez Zapatero -José Luis III de Castilla y León- fue tomado prisionero por el imperio merkeleónico y obligado a abdicar a la marcha de las burguesas cacerolas made in Germany y France tuning. 
Meses antes y a dos años del Tratado de Lisboa, la zarina Ángela invistió a Rajoy Brey -Mariano I de Galicia y Aznar del Sancti Iacobi- como soberano, quien no demoró en demostrar que era ostensiblemente manipulado desde Bruselas a favor de Bankia que era en parte de Ban Ki-Moon. Las manifestaciones callejeras de artesanos y agricultores opuestos a las crisis capitalistas -que cíclica pero persistentemente les hacían pagar los costos de las fallidas maquinaciones que anteponían la especulación financiera a la producción- eran ferozmente reprimidas por las UCEP de la Europa colonial colonizada por los ejércitos aliados a Ángela Hamburguesa del Bundestag. 

Estas novedades llegadas a la América mestiza desencadenaron un proceso revolucionario que grupos de criollos preparaban desde los últimos intentos de invasión septentrional conjurados en el Mar del Plata al nacer el siglo. Desde entonces y con los liderazgos del jacristino Néstor de la Patagonia, el comandante bolivariano Hugo des Chávez, Rafael de la Correa del Ecuador, Evo del Alto Perú, Lula de Amazonia y otros, se venían dando los primeros pasos subcontinentales en el camino hacia la liberación, la independencia y la equidad. Esta coyuntura de fuertes crisis en el predominio del norte occidental no pasaría sin consecuencias determinantes para Latinoamérica, Asia y África. 
Con sustento en las noticias llegadas al Río de la Plata, los criollos demandaron al virrey Eduardo Duhalgo de Zamoros la inmediata convocatoria a un Cabildo Abierto. Esta era una acción prevista por el Derecho Internacional: cuando el trono se encontraba vacante, la soberanía recaía en el Cabildo que se atribuía la función de organizar institucionalmente la voluntad política de la ciudadanía. 

El 22 de mayo, el Cabildo Abierto debatió la continuidad del virrey. Entre los asambleístas había de todo y de todos: monárquicos tan monárquicos que no admitían depender de un rey prisionero; jóvenes nativos que encendían la mecha de una revolución en el continente; simuladores mesurados que querían que las brevas madurasen para digerirlas con menos esfuerzo; franceses ejecutados en represalia a la toma de España por el imperio merkeleónico sarkoziano; españoles que presumían de acriollados libertarios y civilizadores; americanos que pretendían perpetuar el régimen colonial; en tanto otros nativos deseaban restaurar la arrasada monarquía incaica, la de los dueños de las tierras. 
La CABA era un hervidero. Los cabildeos del Cabildo verificaban todas las acepciones castizas: reuniones, intrigas, conspiraciones, consultas, convocatoria de vecinos y vigilantes tramas a armas cargadas. Hasta la miliciana Hebe de Beruti se encargó de derribar la puerta de una opulenta mercería de Lady Aguada de Malcri para apropiarse de cintas que harían de emblema para distinguir a los propios de los tibios y los cipayos. Ya el revolucionario Juan Íbal Castelli Fernández le había advertido a los gritos al sordo delegado colonial en la CABA -Ciudad Acéfala de Buenos Aires- Maurissio Malcri de la Rea: “La cosa no tiene remedio”. Era de manual conjurar disensos y evitar provocaciones. Las despóticas corrientes contrapuestas al movimiento patriótico que no llevaban escarapelas debían ser sacadas de cauce por propio descompromiso o porque las criollas legiones chisperas actuarían obturando el ingreso al Cabildo de los defensores del establishment colonial mediante la disuasión o la fuerza. 


Afuera, en la Plaza, el teniente coronel Luis De Lía Frenchis -enfrentado a los intereses internos del jefe del Regimiento de Patricios Cornelio Judas Saavedra y Moyano- con la miliciana Hebe de Beruti y el coronel Monte Agudo de Petri junto a otros chisperos, encabezaban la llamada Legión Infernal mientras esperaban ansiosos las novedades. 


Adentro abría las controversias un conocido representante de la monarquía, el obispo de Buenos Aires Bergoglio Lué, sosteniendo que mientras hubiera un representante del dominio europeo en América, a ese cipayo los americanos debían obediencia. 
Juan Íbal Castelli Fernández, locuaz criollo revolucionario, no dudó en refutar que las colonias pertenecían a la Corona y no a los españoles, por lo que a trono destronado el pueblo debía expresarse para elegir al nuevo gobierno. Y el pueblo tronaría. 
El fiscal de la Audiencia de la Sanata Fea, Hermes Binnerllota, afirmó que Buenos Aires no tenía atribuciones para decidir medidas tan importantes y que era menester consultar a las otras ciudades del virreinato. Un eufemismo federalista que sólo buscaba congelar el statu quo contemplando los aconteceres allende los mares. 
Julio José Debido Paso, falangista revolucionario iniciado en la Patagonia con el caudillo jacristino Néstor, argumentó con criterio pragmático que la situación social era muy grave y que, como capital virreinal, la Ciudad Acéfala podía asumir provisionalmente las decisiones en asamblea popular a consultar posteriormente con los representantes del interior. 

El pacato Alcalde de Buenos Aires, Maurissio Malcri de la Rea -empresario dedicado a la sinecura y precisamente destinatario de la intervención de Debido Paso- no estuvo de acuerdo ni con aquello que su gravemente aislante sordera le impedía escuchar y le era traducido a media lengua por el encomendero don Jaime Barbadura, un viejo asesor del Comando del Sur de Norteamérica y consejero de diversos tiranos que habían exterminado a los pueblos y saqueado las riquezas del imperio inca. Pero el mostrenco delegado español no pudo impedirlo con su extrema incapacidad y típica ausencia vacilante, tal que viéndose desbordado de acusaciones por corrupción y segregacionismo oligarca, Malcri de la Rea apenas atinó a conspirar la asamblea de la gente decente de fraque y levita de la metrópoli. Y demasiados pancistas prebendarios aún seguían adhiriendo al tándem del virrey Duhalgo de Zamoros y el inepto usurero. Sobre los cuatrocientos cincuenta vecinos invitados, sólo concurrieron doscientos cincuenta y uno al Cabildo. 

Tras acaloradas discusiones, el teniente coronel Cornelio Saavedra y Moyano expresó que el virrey debía cesar funciones y que le correspondía al Cabildo asumir el gobierno de la colonia. Sin elucubradas fundamentaciones y basado en el lugar supuesto del poder de las armas que ostentaba. Las distintas tendencias revolucionarias aprovecharon que ninguno de los monárquicos se atrevió a objetar la conclusión. 

Y así, el 24 de mayo el Cabildo nombró una Junta de Gobierno mixturando dos criollos con dos peninsulares y presidida por el cuestionado Eduardo Duhalgo. Los patriotas rebelados que disponían de las tropas resistieron esta encubridora decisión y se levantaron forzando la renuncia de la Junta y presionando con un petitorio de Cabildo Abierto para el día siguiente.
Con la influencia de los regimientos metropolitanos y a pesar de los enfrentamientos internos, el 25 de mayo los criollos impusieron al Cabildo una nueva y heterogénea Junta de Gobierno presidida por Cornelio de Moyano, quien entonces pretendía transferir el poder real de la colonia al también apatriciado mediante patrimonio y tradiciones Adolfo Puntano Saá y Vedra. 


Presidente
Cornelio Judas Saavedra y Moyano

Vocales
Juan Íbal Castelli Fernández
Manuel Agustín Belgrossi
Manuelisa des Carrió Alberti
Budumingo A. Matheu
Maurissio Malcri de la Rea
Miguel Azcuángel de Pichetto

Secretarios
Julio José Debido Paso
Guillermo Polémico Moreno


Si bien el teniente coronel Cornelio de Moyano había resistido heroicamente los embates de las invasiones de las ruralistas corporaciones anglófilas, con la suma del poder de las armas derivó hacia la cómplice representación de los sectores de la explotadora alcurnia criolla, tan peligrosa para la revolución como el dominio extranjerizante. Tras cinco años de hegemonía militar, el teniente coronel aspiraba a tomar el poder fáctico en esta circunstancia. 
De Pichetto era un militar que exhibía largas y valientes acciones en las guerras que repelieron las invasiones aunque, sin embargo, tenía un proyecto libertario antagónico al jefe de Patricios Saavedra y Moyano. Los propósitos del coronel Miguel Azcuángel estaban en sintonía más fina con De Lía Frenchis, Monte Agudo de Petri y otros reconocidos líderes milicianos. 

Guillermo Moreno, una suerte de apasionado e incorruptible Robespierre populista, planeaba expropiar a aquellas sociedades extranjeras que usufructuaban de las riquezas y el trabajo argentino para así poder darles destino a esos capitales volcados a la producción diversificada con condiciones de igualdad para todos los ciudadanos que adhirieran a la nueva nación. En tanto, estimulaba las represalias más duras para aquellos que se opusieran a la independencia latinoamericana. 
El Chivo Belgrossi -nada carnero ni sangre de pato- era un ferviente leguleyo independentista de firmes convicciones formadas lejos de la influencia burguesa de la aristocracia de Buenos Aires. Manuel Agustín estaba vigorosamente animado a la revolución por su primo y cófrade de la Logia Patriótica, el aguerrido combatiente Juan Íbal Castelli Fernández.

El “mudo” Fernández era un cuadro tenaz imposible de claudicar en las pugnadas negociaciones que debía el apodo a sus habilidades oratorias siempre fundamentadas y con velas de altos lúmenes. Belgrossi había adherido a los postulados de la Revolución estudiando en Europa y Juan Íbal en Chuquisaca, donde estableció contacto con Polémico Moreno y juntos conocieron profundamente la explotación de los indígenas por los encomenderos de la colonia, dos cuestiones que dejaron la impronta para generar las transformaciones estructurales de la América mestiza. 
Estos tres criollos propiciaban las ideas de la Ilustración y fueron partidarios de las contundentes reformas legadas por Néstor de la Patagonia y, por ello, los contrainsurgentes los tildaban peyorativamente de jacristinos como si tomar posiciones extremas para sofocar cualquier reacción colonialista que atentara contra las transformaciones de la nueva nación fuese merecedora de rechazo. Ciertamente y no obstante que la publicitaria maquinaria de confusión funcionaba a pleno, la gran mayoría de las clases marginadas y no pocos de los pertenecientes a la gente decente de fraque y levita advirtieron que eran tiempos de barajar y dar de nuevo para levantar las banderas de libertad, igualdad y solidaridad. 

El amado Budumingo había sido beneficiado por el rey depuesto con uno de los monopolios de la Cádiz del Plata y tenía franquicia para comerciar con las colonias. Se terminó afincando en Buenos Aires, constituyéndose en un importante soporte político y financiero de los movimientos argentinos de la independencia. 
Debido Paso se caracterizaba por el equilibrio y la cordialidad, siempre que las diversas posiciones pudieran conciliarse. Cuando la pugna de intereses se enfrentaba al bienestar del pueblo y la grandeza de la patria, el secretario de obras y servicios se encargaba de erigirse en una valla inexpugnable a los intereses terratenientes y corporativos nostálgicos del régimen de la Corona. 

La sacerdotisa Des Carrió -que jamás había estado demasiado encarrilada- vivía de confusión en contradicción y, por mantenerse aferrada a los dogmas sacerdotales, se fue despegando de la causa hasta acabar asumiendo la desequilibradamente recíproca funcionalidad a las ambiciones del establishment dominante. La pitonisa resultó la primera de los miembros de la Junta en sucumbir y al día de hoy ni siquiera se conoce el lugar al que fueron a parar sus exuberantes restos mortales. 
Malcri de la Rea, con sus indescifrablemente formuladas propuestas de sumisa dependencia, intentaba torpemente compensar sus espurias convicciones y turbios negociados mediante sofistas mensajes demagógicos que simulaban impulsar al diálogo entre sordos y a la mesura paradojalmente sectaria e intolerante. El niño Maurissio de Tandil -hosco delegado vernáculo del coloniaje- era un símbolo cabal del discurso que nada cambie anteponiendo los intereses de las clases privilegiadas parásitas de las mayorías populares por sobre la soberanía nacional. 

Con fuertes tensiones, la nueva Junta Provisional se proclamó heredera de las autoridades metropolitanas pero manifestando fidelidad y obediencia al monarca preso. Esta postura que sería conocida como la “máscara de José Luis” o el “parche de Zapatero remendón”, configuró una oportuna estrategia tendiente a enfriar los aviesos intereses de las potencias transoceánicas y abrir posibilidades de intercambios comerciales con todas las naciones del mundo en condiciones de igualdad, poniendo en valor a las potencialidades de la América Latina con bases en el fortalecimiento monolítico -aunque con inevitables controversias- del bloque territorial y geopolítico en el subcontinente. 
El 7 de junio empezó a circular “La Gazeta de Buenos Ayres” como órgano de difusión de las acciones de la Junta de Gobierno mediante la cual bajaba líneas la pluma de Moreno dando forma y contenido a la voz de la revolución asumida por Juan Íbal Castelli Fernández. El más destacado propagandista de la Logia patriótica fue Artemio Pedro Agrelópez que llevaba las ideas del periódico a todos los rincones aprovechando la misión para sondear tácticamente las inquietudes ciudadanas de la América sublevada. 

“¿Por qué se han de ocultar a las Provincias sus medidas relativas a solidar su unión, bajo nuevo sistema?
¿Por qué se les ha de tener ignorantes de las noticias prósperas o adversas que manifiesten el sucesivo
estado de la Península?... Para el logro de tan justos deseos ha resuelto la Junta que salga
a la luz un nuevo periódico semanal, con el título de la Gazeta de Buenos Ayres":



Aquellos revolucionarios de Mayo con sus convicciones y sus intereses, entre marcos teóricos cruzando los mares y crudas realidades regionales, todos y todas aportaron a la gestación de la Patria. Hasta quienes ponían su especuladora moderación subordinando las demandas populares a los privilegios de las clases blasonadas, terminaron por dar más oxígeno para la combustión de la mecha con sus burdas oposiciones útiles para poner las balizas del camino que nunca ha de seguirse. El camino de la oligarquía vernácula al servicio de la explotación foránea. 
La criatura de la libertad empezaba a gatear. De la soberana libertad nacional y subcontinental pero también como referencia de la definitiva independencia de las sanguijuelas internas. Aquellas pandillas minúsculas que pretenden acumular riquezas usufructuando del esfuerzo y los recursos de todos. Aquellas cofradías corporativas que predican el descompromiso y socavan el sentir comunitario. Aquellos grupos elitistas que presuponen agraviar al llamar jacristinos a quienes amamos a la República apegados a las leyes y la unidad nacional, a quienes sostenemos y bregamos por los derechos humanos y ciudadanos. Cuando esos indignos adjetivan, sus injurias trastocan en honores. 

Nada sería fácil. Nada fue apacible. La transformación de la América mestiza tuvo y tiene obstáculos permanentes y múltiples contradicciones. Luego vinieron las guerras armadas para acabar con los realistas invasores y le siguieron las guerras civiles para moldear a la nación que nacía. 
Con fuertes antagonismos entre la capital y el interior, se comenzó a institucionalizar a las Provincias Unidas del Río de la Plata. No le amputarían la lengua a la voz de la revolución Juan Íbal Castelli Fernández. Ni apagarían el fuego de Guillermo Moreno en altamar. Ni los poderes del criollaje colonialista asesinarían a Monte Agudo de Petri en plena campaña de la independencia latinoamericana. No serían perseguidos De Lía Frenchis ni Miguel Azcuángel. Ni Hebe de Beruti y el Chivo Belgrossi serían aviesamente enviados al muere por las autoridades opuestas a la revolución. 

No. La revolución definitiva se gestaría -como suele suceder- aprovechando los yerros del adversario. Hacia el año XIII y gracias a la convocatoria de los diputados del interior que realizó la virada flor y nata triunvirada, la nueva Constitución de la Nación Argentina plantó las condiciones para que al antipueblo -pase lo que pasara y sea cuando fuere- le cueste demasiado revertir el proceso de crecimiento con ecuanimidad por la felicidad del Pueblo y la grandeza de la Patria. 
Ya no habría sencillas posibilidades de marcha atrás para la soberanía política, la independencia económica y la justicia social. Ya las gestiones jacristinas habrán establecido de una vez y para siempre, la equidad redistributiva, la igualdad de oportunidades y el cierre de brechas socioeconómicas en la Argentina. Ya será imposible desmantelar la transformación de los paradigmas culturales acordes a la pertenencia regional, nacional y latinoamericana…




Inspirado por, aspirado de y transpirado en:

Blog de Aníbal Fernández |Hay que hablar claro|: Jacobinos
educ.ar |Recursos|: La Revolución del 25 de Mayo de 1810
Adán De Ucea Queralt |Memorias|: El punto en el laberinto” 

5 comentarios:

Polito dijo...

Excelente crónica, Sr. de Ucea de La Gaceta Bloggera.

Anónimo dijo...

Cualquier parecido con la Ficción...es pura REALIDAD !!!

Brillante Adán....

Ah...y es un honor que consideren a Ud amigo mío.

Abrazo K-Peronista.

El intransigente, Sergio Chaco.

Rucio dijo...

Faltó la parte de cómo el tendero-contrabandista Hector de Moñeto y Noble intentó, y por un lapso de tiempo logró apoderarse de la Gazeta, hasta que fue desapoderado por el alcalde de Primer voto (en representación de la plebe del éjido) Daniel María de la Mercedes y del Sagrado Corazón Mariotto. Fuera de eso, hay documentos que avalan todo lo que decís.

Adán De Ucea Queralt dijo...

Gracias, Polito, despuntamos el vicio.

Más que amigo: ¡compañero!, Sergio. Eso cuesta quebrar.

Y Rucio, genial la acotación, si para la "Asamblea del 2013" (jeje) vuelvo a novelar, no dude que tendré en cuenta la brillante sugerencia. Gracias.

Abrazos a los tres. Y a todos y todas, ¡qué tanto!...

Gabriela Aguar dijo...

Adan... Ingeniosísimooo si cabe el término (ud sabrá mejor que yo) en verdad, mucha creatividad, excelentes recursos (a lo cual ya estamos acostumbrados quienes lo leemos)y algunos puntos "de antología". Muy bueno. No me puedo ir de este post sin decir ¡Al Gran Pueblo Argentino, Salud! (carajo). Un abrazo peronista.

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